El captcha, odioso y necesario

Todos lo conocemos, cuando llegamos al final de un formulario, cuando estamos intentando bajarnos algo o darnos de alta en alguna página web, ahí está, el famoso y odiado captcha, la herramienta capaz de saber si somos humanos o máquinas.

Casi nadie lo sabe, pero captcha nace de las siglas de Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart, justo la prueba que determina quien eres, si un ser humano o un robot. Se empezó a utilizar en el 2000, cuando Luis Von Ahn, un joven científico y guatemalteco introdujo este ingenioso sistema para evitar que robots, también llamados spambots, pudiesen utilizar ciertos servicios.

El usuario tiene que introducir correctamente una serie de caracteres que aparecen distorsionados en la pantalla, algo que puede resultar sencillo, pero que muchas veces es más complicado de lo que parece. De hecho, seguramente este sistema ha sido el culpable de muchas bajas de usuarios frustrados.

Luis Von Ahn, sorprendido con el éxito de su invención decidió dar un paso más allá y desarrolló ReCaptcha. Este proyecto empezó cuando vieron que al día se introducían alrededor de 200 millones de captcha. El nuevo sistema, en vez de usar palabras distorsionadas aleatorias muestra fragmentos de libros escaneados. Los usuarios tienen que reconocer y escribir dos palabras en vez de una (normalmente una menos clara que la otra). De este modo, además de demostrar que son ‘humanos’, están contribuyendo a digitalizar libros existentes en papel.

Esta idea tan genial sedujo a Google, que acabó por adquirir el proyecto en 2009.

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Sobre el autor

Diseñador audiovisual experto en diseño web, producción de vídeos y diseño gráfico.

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